moniyamena@hotmail.com Cel 311 4815498

jueves, 14 de abril de 2011

Tony el Gato

Heredé una mascota

Hace como seis años me trajeron un gato. El lio es que yo soporto los perros pero no los gatos. Llegó así de pronto sin esperarlo, un día ahí estaba. Los dueños me lo dejaron con todas las recomendaciones posibles, caja de transporte, plato para comida y listado de  “deberes”  para con él.
Nos miramos con desconfianza, no fue amor a primera vista. Hay  amores difíciles y con mi gato fue de esos. El tipo entró y recorrió la casa, como dándole el visto bueno, obvio, sin comentarios, se instaló en mi cama y lo dejó como un precedente, el haría lo que su real pensamiento le dijera.

Después de una guerra fría en la que cada uno trataba de dominar, una tras otra batalla, supe muy tarde que los gatos no tienen amo, solo uno le sirve de compañía y a lo sumo nos dan la oportunidad de servirles la comida; por fin nos acomodamos, claro que yo perdí la guerra, él era él.

Soportarnos mutuamente nos llevó primero a entendernos y con el paso del tiempo a querernos. Fueron seis años de imposición mutua, tiempo que sublimó el carácter y llegó el cariño. No necesitamos decirnos nada, solo mostrarnos como éramos con eso ya sabíamos a qué atenernos cada uno. Las demostraciones de cariño fueron desligadas de todo presunción, simplemente las hacíamos por que nos daba la gana, nunca tratamos de convencer al otro. No hubo hipocresía, ninguno trató de conquistar al otro, menos alagarlo y ni siquiera se nos ocurrió esperar nada recíproco.
Yo le daba la comida porque tocaba y el comía por necesidad, no teníamos convenio ni había chantaje. Fue un mutuo acuerdo en el que la comida no sirvió para hacerme querer, ni el gato demostró cariño por ser alimentado, ni yo gusto por darle.
La necesidad de compañía no nació por temor a la soledad, por el contrario  disfrutamos el silencio, la contemplación y eso nos llevó a tener empatía por gustos parecidos. Fue comunión de soledades, unión de pareceres, nos buscamos para compartir  momentos propios. La ayuda llegaba sin pedirla, solo sabíamos la necesidad del otro, no tenía que haber agradecimiento pues no se solicito.

Empezamos a tener un vinculo especial que solo con el paso del tiempo comprendí; él me quería a su modo y la forma de demostrarlo era cuando me recibía de algún viaje que hiciera, simplemente salí de donde estaba y miraba para otro lado, restándole importancia a mi llegada, duraba unas horas sin ”hablarme”, ni siquiera me miraba, al cabo de unas horas de dejar claro su reproche, se sentaba en mi canto para darme el gusto de que lo consintiera.

Fuimos buenos amigos, se enojaba y lo demostraba, para decirme que me quería me acompañaba a los potreros, saltando sobre el pasto y mirando hacia donde yo estaba, si se cansaba me llamaba para que lo alzara. Siempre estaba a uno metros de distancia del sitio donde estuviéramos trabajando, era el vigía celoso con mis perros de los que se hizo respetar con un leve toque de su uña en la nariz.

Mi cómplice, mi amigo, mi compañero de soledad, en silencio nos dijimos que nos queríamos. Se fue y se me antoja que nació una nueva Constelación “El gato”. Pueden ubicarla entre Orión y la Constelación de Taurus, algo cerca a las Pleyades.
Recuerden que el próximo 30 de abril de 2011 se realizará el VIII Taller de abonos orgánicos y biofertilizantes

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Para reflexionar

Datos personales

Mi foto
Villavicencio, Meta, Colombia
Productor por naturaleza